¿Quienes son los violentos? ¿Son ellos y ellas o son ELLAS?
Son ellos - ¿los niños de mala conducta, los de contexto?
Son ellas - ¿las niñas “machonas”?
Clasificación, segmentarización, estigmatización, discriminación.
En las escuelas uruguayas pasan cosas, muchas cosas. De las buenas se habla poco porque no tienen prensa, no venden, pero vaya si se hacen buenas cosas. Docentes, alumnos y alumnas crean, se desarrollan, crecen, aportan desde diferentes áreas.
Ahora, las cosas malas, entienden “ELLAS”, siempre vienen de afuera. - ELLAS las maestras, determinadas maestras- siempre acusan al entorno, a la vereda de enfrente, a las familias, a la sociedad, a la televisión, la falta de límites, a las ausencias de figuras parentales referentes que cumplan con los roles correctos socialmente asignados.
Nunca ven las responsabilidades propias, nunca ven cuanto sus propias actitudes son generadoras de situaciones violentas. Cuando consideran “cosas” a niños y niñas, cuando les tutelan “por su bien”, cuando no les escuchan, no les dan espacios, les revictimizan y les acusan permanentemente, tratándoles como delincuentes, traidores a la moral única, esa que dice la forma correcta de comportarse.
Que pena que habiendo cursado una carrera de formación específica para la educación de las personas, no encuentren los métodos adecuados y no comprendan la importancia de aplicarlos de forma diferenciada y particular según las características propias de niños y niñas.
Pesa mas el curriculum oculto, la formación extracurricular, impartida de forma no formal, por instituciones como las familias, las religiones, echando mano a mitos, creencias, tabúes, viejas usanzas, que enseñan formas de discriminar a las personas por sus diferencias, físicas, intelectuales, culturales, sociales. Condenando las diferencias o convirtiéndolas en pasibles sujetos de sanción por no entrar en la norma ni el parámetro de lo “correcto”.
Algunas prácticas pedagógicas basadas en señalar las diferencias como cosa negativa, son generadoras de violencia. El incorrecto uso del poder, que se debe ejercer de forma responsable y no arbitraria y jerárquica aplicando modelos de simpatía o afinidades personales.
Pasan cosas, si que pasan, estamos al borde de un precipicio y solo queda como opción un paso hacia adelante.
Bienaventuradas y bienaventurados quienes lo den porque van a transformar una realidad anquilosada en una nueva oportunidad para quienes vienen. Trasformar la realidad es el deber de la educación, y quienes la hacen son responsables.
Rafaela García